Érase Una Vez...

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Cuando la fundadora de Milola fue diagnosticada con una alergia alimentaria una carta de amor empezó a escribirse.

Hace siete y veinte años.

Abrimos las puertas de Milola hace siete años con el único propósito de compartir un nuevo concepto en pastelería. Pasteles, galletas y panes deliciosos, sorprendentes, nutritivos, y aptos para todo el mundo. Pero todo esto empezó como una búsqueda personal, hace más de veinte años, cuando nuestra co-fundadora y pastelera, Manuela García, fue diagnosticada con varias intolerancias alimentarias.

Trabajando por entonces en una pastelería francesa en Chelsea, Londres (donde comer fuera era un parte inevitable de su vida, dadas las dimensiones de la ciudad), Manuela pudo constatar plenamente lo difícil que puede ser la vida si uno sufre una alergia o intolerancia alimentaria. Los supermercados no estaban preparados para dar respuesta a sus necesidades. Era casi imposible encontrar ingredientes o productos sin gluten. Cuando encontraba algún producto, tenía una apariencia inapetecible, una textura dudosa, y ¿el sabor? No la hagas hablar. ¿Comer en Restaurantes? No querían ni oír hablar de dietas especiales.

Inmediatamente se puso a buscar por todas partes ingredientes adecuados para sus necesidades. Ingredientes con los que pudiese conseguir los mismos estándares de los que disfrutaba antes de convertirse en una persona “sin gluten”.

ROMPIENDO (Y COCIENDO) BARRERAS

Cuando descubrimos que tenemos una intolerancia al gluten, o a cualquier otro alimento, nos encontramos con una paradoja interesante: nuestra enfermedad no necesita medicación, sino un cambio drástico en la forma de alimentarnos.

En su característica rebeldía, Manuela se resistía a la idea de que a lo máximo que podía aspirar eran aquellos cuatro artículos que encontraba en el pasillo “libre de…” de los supermercados. Y saber que había miles de personas en la misma situación se convirtió en el motor de su lucha.

Manuela recorrió durante meses todo Londres, su mercados, sus tiendas, sus barrios multi-culturales, y como consecuencia, con una abundancia de ingredientes de todo el mundo. Así descubrió cereales y harinas que abrieron un nuevo mundo de sabor y posibilidades, con resultados que eran deliciosos y altamente nutritivos. Se demostró a sí misma que la comida sin gluten puede ser sabrosa, divertida y una fuente interminable de creatividad y placer. Invitó a su familia y a sus amigos a probar su pastelería. Observó con emoción su reacción. Milola nació.

En primer lugar, ¿era capaz de crear pasteles increíbles con harinas integrales sin gluten, sin azúcar refinado, sin grasas trans, lácteos, vegetarianos, sin maíz y cargados de sabor e ingredientes frescos? La respuesta fue "¡sí!" Y en segundo lugar, ¿podría ella conseguir que muchos otros se beneficiaran de sus descubrimientos? De nuevo "¡sí!" Y aquí es donde entran David y Yolanda.

Desde ese primer momento en que se “encendió la bombilla", Manuela tenía claro quiénes serían sus compañeros de viaje perfectos. El equipo ideal que llevaría esta visión a la realidad. La creatividad de David, su capacidad de atender mil tareas a la vez, de aprender cosas nuevas constantemente, su sed de aventura, su carácter afable y su extensa experiencia laboral, lo hicieron absolutamente imprescindible desde el primer día. De la misma manera que lo era Yolanda, con su extraordinaria capacidad para la atención al cliente, su ojo por el detalle, su actitud positiva, su calidez. Manuela estaba tan segura de tener a los dos compañeros perfectos en el 2010 como lo está ahora. 

Hoy en día, sabemos que aquella visión compartida fue la correcta, porque nuestros clientes no dejan de reafirmarnos. Elaborar dulces deliciosos, sorprendentes, nutritivos - aptos para todo el mundo - es un sueño hecho realidad. La manifestación de un amor.

¿He mencionado que son nuestros clientes regulares, los que no tienen ningún tipo de intolerancia o alergia alimentaria, los que no son capaces de disimular su entusiasmo? Lee sus comentarios, y otros, aquí.